El despertar de la sombra
La isla de El Hierro no era un lugar tranquilo. Los antiguos bimbaches necesitaban del cuidado de dos grandes fuerzas: Eraorahan, la deidad masculina, y Moneiba, la deidad femenina. Ambos velaban por que la lluvia no escaseara y los riscos no se cayeran.
La sombra de Aranfaybo, la criatura que habita en las grietas de la lava, ansiaba robar a los bimbaches el coraje, para que caminaran agachados, la curiosidad, para que no miraran al horizonte y la serenidad, para que el miedo fuera su único dueño.
El error de la soberbia
Aranfaybo lo devoró todo: robó la audacia, la prudencia y el ingenio, dejando a los bimbaches vacíos y en las sombras.
Sin embargo, cometió un error: subestimó a los animales.
Cuando el caos reinó, todos los valores humanos se creyeron perdidos bajo el manto de Aranfaybo. Surgió el hambre de las plagas y el castigo de las sequías. Llegaron inviernos de polvo, veranos sin agua, y la tierra se volvió estéril.
Fue entonces cuando las deidades observaron que la pureza de los animales mantenía intactos los dones que a los humanos se les había arrebatado. Creyeron que los animales de la isla podrían salvaguardas de nuestra humanidad. Pero al mismo tiempo, comprendieron con dolor que los animales, al igual que los humanos, se marchitan.
De carne y plata: El pacto para vencer al tiempo
Ante la fragilidad de lo que nace y muere, tomaron la decisión final: atrapar las virtudes en amuletos de plata que el tiempo no pudiera descomponer.
En honor a los animales que, con su humilde existencia, burlaron la soberbia de Aranfaybo, las deidades tomaron una decisión: los talismanes tendrían su forma.
Fundieron la fuerza del volcán, la corriente del mar y la libertad del viento en un tributo eterno a los únicos que lograron devolvernos los valores que el mal había devorado hasta entonces.
Nombraron a estos amuletos Guanila, en homenaje a la libertad que un día tuvimos los humanos, sellada en plata, para que nada pueda volver a arrebatárnosla.
La llamada del talismán
Los amuletos sólo son visibles a los ojos de aquellos que están preparados.
Cada talismán te recuerda quién eres y quién puedes llegar a ser, pero esa tarea te corresponde a ti.
Guanila es aceptar el compromiso de cuidar de los dones humanos en un mundo que intenta extinguirlos, porque ser libre es la mayor de las responsabilidades.